By Miguel Gallardo Guerra

El crecimiento del ecosistema de pagos digitales en México ha hecho que la discusión sobre SPEI, trazabilidad y cumplimiento sea cada vez más relevante. En la práctica, la eficiencia de un sistema de pagos no puede medirse exclusivamente por la velocidad de sus transacciones. También debe evaluarse a la luz de la calidad de sus controles, la claridad de las responsabilidades operativas y la capacidad de reconstruir el recorrido de una operación cuando ello resulta necesario desde una perspectiva regulatoria, contractual o de gestión de riesgos.
Las modificaciones recientes al marco de la Circular 14/2017 emitida por Banco de México muestran con claridad que el interés regulatorio no se limita al funcionamiento técnico del sistema, sino que se extiende a la organización de servicios de participación indirecta, al papel de las cámaras de compensación y a la necesidad de ordenar actividades que, en la práctica, ya venían prestándose dentro del mercado, incluyendo esquemas de conexión y procesamiento operado por terceros. Ello confirma una tendencia importante: a mayor sofisticación del ecosistema de pagos, mayor exigencia de trazabilidad y control operativo.
Para los participantes directos e indirectos, así como para ciertos integradores tecnológicos y proveedores de infraestructura, esto implica revisar algo más profundo que su capa tecnológica. Implica revisar si el flujo operativo está claramente documentado, si los puntos de intervención se encuentran correctamente delimitados, si existe consistencia entre contratos y operación real, y si los registros conservados permiten acreditar quién hizo qué, cuándo, bajo qué instrucción y con qué resultado.
Desde una perspectiva de compliance financiero en México, la trazabilidad no debe verse como una carga meramente documental. Es, en realidad, una herramienta de control. Cuando una entidad puede identificar con precisión el origen de una instrucción, el canal por el cual fue procesada, el responsable de cada etapa y la evidencia generada en el trayecto, mejora tanto su defensa regulatoria como su capacidad de responder frente a incidentes, aclaraciones, controversias operativas o revisiones internas, así como frente a requerimientos de autoridades como Banco de México o la CNBV.
Esto es particularmente relevante en modelos donde intervienen varios actores: entidades financieras, terceros tecnológicos, procesadores, cámaras, proveedores de conexión y clientes institucionales. En ese tipo de estructuras, uno de los errores más frecuentes consiste en asumir que la existencia de un contrato o de una integración tecnológica basta por sí sola para aclarar responsabilidades. En realidad, cuando el flujo no está suficientemente aterrizado, los vacíos de trazabilidad pueden traducirse en riesgos de cumplimiento, de auditoría y de supervisión, especialmente cuando existen esquemas de participación indirecta o subcontratación de funciones o procesos críticos.
Por ello, hablar hoy de SPEI y riesgo operativo también es hablar de bitácoras, evidencias, lineamientos operativos, controles de acceso, segregación de funciones y consistencia entre documentación y práctica diaria. La evolución regulatoria de pagos en México apunta hacia sistemas más robustos, pero también hacia expectativas más altas sobre la calidad de la información disponible para acreditar el debido control de las operaciones.Las entidades que mejor se adapten a este entorno no serán únicamente las más rápidas o las más innovadoras. Serán aquellas capaces de demostrar, con precisión y de forma verificable, cómo fluye una operación dentro de su modelo. En materia de pagos, la eficiencia sigue siendo indispensable, pero la trazabilidad ha pasado de ser

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